lunes 9 de enero de 2012

La salud sexual del electorado porteño sigue siendo preocupante

Por Pablo Secsfield
              
           Hace ya unos años, en el número 4 de esta revista, se realizó un análisis que demostró la influencia de la insatisfacción sexual en el aumento del caudal electoral del partido garca/semifascista llamado “PRO”, caudal que impulsó la elección a jefe de gobierno porteño de un estadista de la altura de Mauricio, “el Alejandro Magno del Siglo XXI”, Macri. Según el trabajo que se está retomando, la conducta típica de aquellos que sufrían una neurosis por falta de sexo o aeroticosis, (esto es la presencia en estos pacientes de “comportamientos extraños, actos de hipocondría, sueño, violencia, aumento de la ira y niveles de pelotudez mucho mayores a los recomendables”), así como también los similares desórdenes de aquellos que teniendo una actividad sexual más o menos sostenida tampoco podían saciar sus deseos por ser esta deficiente, fueron fundamentales para la victoria del famoso imitador de Freddy Mercury. Por este motivo, a la luz de los resultados de los últimos comicios celebrados en la ciudad, es que tengo que volver a señalar mi preocupación respecto a los porteños, no por la “calidad”[1] del voto que han mostrado (ciertamente, conseguir que elijan a conciencia es sólo imaginable dentro de los parámetros de la Ciencia Ficción), sino por el retroceso en materia de salud sexual que se ha visto en ellos.
            Teniendo en cuenta lo elaborado en ese informe, está claro que el 60% de votos obtenidos en la segunda vuelta de las elecciones por parte de Macri significan sólo una cosa: la población porteña no sólo no aumentó sus niveles de satisfacción sexual sino que, probablemente, los haya bajado todavía más. Hace dos años que advertí el riesgo en el que se encontraba la ciudad si no hacíamos que una importante cantidad de la población ·”se enfiestara cuanto antes”. Pero, ¿por qué entre los habitantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hay cada vez más neuróticos por falta de sexo? 
            El macrismo, conciente de la importancia que tiene la insatisfacción sexual en su plan político, ha realizado pocos esfuerzos por saciar los deseos eróticos de la población porteña. Más allá de la condescendencia del PRO para con las redes de trata de personas, que abastecen a los prostíbulos porteños de conveniente mano de obra esclava, la fuerza que gobierna la ciudad ha llevado a cabo acciones que impiden la cópula de cientos de miles de personas. La medida de acortar el tiempo de funcionamiento de los boliches y locales bailables, así como también la restricción en los horarios de expendio de bebidas alcohólicas en esos lugares (prácticamente los únicos dos actos de gobierno que ha realizado el PRO en 4 años de gestión) han reducido drásticamente el nivel de actividad amorosa de los jóvenes capitalinos. Y es que, por un lado, según lo que expresan los que asisten a ese tipo de lugares con el fin de conquistar alguna pareja ocasional, y siguiendo lo que también pude comprobar por mi propia experiencia, la hora es un factor fundamental para conseguir los favores de un/a señorita/o. Esto se da porque mientras más tarde sea, menos pretensiones tienen los que procuran amantes, y entonces están más dispuestos a “darle bola a cualquier bicho que ande dando vueltas”[2]. Por oro lado, el mismo efecto tiene el alcohol, considerado por todos los especialistas, así como también por los no especialistas, como “el mayor afrodisíaco jamás inventado” y como “el milagro que puede hacer la diferencia entre una noche solitaria[3] y una acompañado por el calor de un ser humano al que no le hubiéramos dado (o que no nos hubiera dado a nosotros) ni locos”[4]
            De este modo, al limitarse los horarios de salida de los boliches y las posibilidades de que los posibles amantes se alcoholicen, se atenta contra la vida sexual de los porteños, que se ven impedidos por su conciencia de tener más encuentros fortuitos que los que hubieran tenido ebrios o desesperados. Todo muy conveniente a las necesidades electorales del jefe de gobierno.
            Aquellos que hayan leído el informe anterior (y ya hemos puesto suficientes links como para que no lo hayan hecho), sabrán que uno de los motivos principales para la falta de actividad sexual del votante macrista era que consideraba a su pareja como “un/a viejo/a cheto/a amargo/a e incogible/a, y que antes de tocarle un pelo prefiero darle bomba a Hulk Hogan”. Por increíble que parezca, esta falta de interés erótico, generada por lo poco atractivo de la compañía amorosa, se había empezado a revertir de una manera inesperada. Al parecer, muchos de los que habían visto en el famoso luchador una figura más apetecible que la de su amante/marido/esposa/novio/a/ chongo/a / amigo/a borracho/a, tomaron esa afirmación de manera literal y comenzaron a desarrollar fantasías con esas figuras: las muñecas inflables Hulk Hogan y el disfraz “Sexy Hogan” empezaron a hacer furor en los Sex Shops.
            Pero, como se viene afirmando en el presente trabajo, al parecer el oficialismo porteño no tiene intensión de perder votos, razón por la cual decomisaron un cargamento de 100 toneladas de productos “Hulk Hogan” provenientes de China[5]. La excusa del GCBA no pudo ser menos creíble: dijeron secuestrar la mercadería por falta de pago de ciertos impuestos, cuando es sabido que el gobierno del PRO jamás se atrevería a exigir el cumplimento de ninguna ley a un empresario capaz de traer al país tamaña cantidad de dinerde mercancías. Lo que más llamó la atención, aparte, fue el hecho de que el estado porteño le haya pagado a los importadores por la confiscación, maniobra tan inusual como el hecho de que hayan abonado el doble del precio de mercado por esos artículos. Incluso, los responsables de la compañía “perjudicada” por la medida macrista felicitaron al GCBA por el “tenaz respeto por las normas” y aseguraron “traer todos los cargamentos ilegales posibles, para que la administración del PRO pueda lucirse en el cumplimiento del deber”.
            Este tipo de medidas, por supuesto, ha alejado a grandes sectores de la población porteña de toda posibilidad de satisfacción sexual. Esto ha llevado a un aumento alarmante de las neurosis por falta de sexo, variación que fue registrada por los profesionales de los departamentos de salud mental de prácticamente todos los centros de salud privados de la ciudad. Un representante de la organización que nuclea a los psicólogos de la ciudad manifestó estar realmente preocupado por el crecimiento de esta patología, “más allá de que el aumento del trabajo para el sector será siempre bienvenido” y de que “al fin y al cabo, no hay mal que por bien no venga”.
Como cierre de este trabajo, es importante señalar lo valioso que es el sexo para mí… digo, para el normal desenvolvimiento de la psiquis humana. Tal vez muchos no vean los efectos perjudiciales que esto trae. Tal vez ud piense que, al fin y al cabo, no es tan grave lo que ha ocurrido, un simple triunfo macrista; un nueva pésima elección porteña no es algo como para asustarse. En caso de que sea así, le pido que trate de recordar cuándo fue la última vez que tuvo relaciones sexuales: puede que necesite ayuda.

           
Pablo Secsfield fue profesor de la cátedra de Psicoanálisis de la Universidad de Niza, hasta que fue despedido por acoso sexual en 1987.


[1] Gracias a Pino Solanas por tan acertada palabra…
[2] Lo pongo entre comillas porque me da vergüenza, pero lo dije yo mismo, no es cita de nadie.
[3] Si ud considera a la palabra “solitaria” como un eufemismo para mencionar a la masturbación, acertó
[4] Idem nota 2
[5] ¡Imagínense la cantidad, si eran principalmente disfraces y elementos de goma!

jueves 22 de diciembre de 2011

Reflexiones (un tanto subidas de tono) de Paul Pauls sobre la cruzada de los comerciantes porteños contra los manteros


           Por Humberto Steinberg


            Tras otro largo período en el que no sólo volvimos a temer porque el poeta de la crítica muriera, sino que también se transformara en algo así como el personaje de Marlon Brando en Apocalipse Now o el Subcomandante Marcos[1], recibimos un sobre, con una estampilla con su rostro, aunque proveniente de un país que todavía no sale en Wikipedia (razón por la cual todavía no pudimos identificarlo). En el presente escrito, el autoproclamado líder del África Unida nos da nuevamente su particular parecer respecto de la realidad de nuestro país.
           
            Nuestra clase comerciante, como lo sabe cualquiera que haya habitado en la ciudad de Buenos Aires durante al menos 8 minutos, jamás se ha caracterizado por su conciencia política y por su participación en los movimientos de liberación de los oprimidos. Más bien lo contrario, estos pequeño burgueses pretenciosos por lo general, al ver a alguien protestando, suelen obsequiarnos con comentarios del tipo “a estos negros cabeza habría que meterles un palo con clavos oxidados en el orto” o “Vayan a laburar” o, mejor aún “Ya van a volver los militares y van a volver a la ESMA, comunistas ateos”. Por este motivo me llamó la atención, en un raro momento de locura en el que no sé por qué puto motivo se me dio por abrir la página de un diario de mierda de esos del país que abandoné, ver que los indispuestos de siempre habían hecho un corte de calle en el microcentro. Decir que me emocioné y tuve la esperanza de un cambio de mentalidad por parte de ese sector sería una pelotudez similar a pensar que Adorno realmente creía en la posibilidad de la revolución. Por el contrario, cuando vi “comerciantes” y “marcha” en la misma oración temí por mi inteligencia, que ya poca capacidad de tolerar las pelotudeces tiene, y me preparé para leer una serie de comentarios entre legalistas y fachistoides que sólo podría ahogar con este derivado de la heroína que consigo acá y tanto bien le hace a la destrucción de mi cerebro.
            El motivo de la medida de fuerza era, como me podía llegar a esperar, el de oponerse a una temible mafia que azota a todos los pobladores del universo y sus aledaños; a un poderoso mal que afecta el centro mismo de las posibilidades vitales de nuestra especie: los manteros. Estos monstruos, por demás pérfidos, se atreven a tirar un paño en el piso para vender productos, son degenerados que en vez de ponerse un negocio, como la gente derecha y humana, intentan subsistir en la calle. A tan formidable enemigo nuestros comerciantes combaten, en un esfuerzo épico sólo comparable con el de los personajes de los poemas de homero o el de Stallone en Rambo III, dispuestos ellos a dejar todo con tal de no ver más gente vendiendo, ni pidiendo, ni controlando si pagan los impuestos
            Son unos hijos de puta[2].
            Es obvio que lo que les rompe las pelotas es que les birlen algunos clientes (y con eso, algunos sagrados billetes) de eso no duda nadie. Pero, como queda mal decir que uno corta una calle por plata (o al menos para ellos parece quedar mal), se inventan una serie de interesantes excusas basadas en el legalismo (como en el tema del pago de los impuestos), la defensa de los derechos de los trabajadores (sí, parece mentira, pero sí) o argumentos brillantes y gancheros tales como “La venta clandestina se lleva puesto los estados”. Esta última frase, desarrollada por una entidad de corte revolucionario como la CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa), nos recuerda el activo rol que han tenido los vendedores ambulantes y los manteros en las dictaduras militares que, como todos sabemos, fueron incansablemente combatidas por las cámaras comerciales y empresarias.
            Respecto del tema de los impuestos, cuando lo escuché estuve a punto de ponerme a llorar. Pero como es mejor putear que llorar, entonces prefiero hacer lo primero. Váyanse a cagar: sabemos que los manteros no pagan impuestos, pero ¿no será que la evasión impositiva es un poquito más alta en los sectores comerciales formales? ¿Será que todos los miembros de la CAME pagan sus impuestos religiosamente o puede ser que alguno tenga un nivel de ingresos inferior al de Susana Giménez?[3]
            El segundo punto, el de las posibilidades laborales, ya es para arrancar a los tiros. Supuestamente, según los bolches de la CAME, el comercio ilegal (o sea los manteros) quita fuentes de trabajo. Y entonces uno se pregunta, pero bueno, aquellos que están en la calle vendiendo ¿qué hacen? ¿Boludean? ¡No! ¡Trabajan! Para ellos ofrecer esas cosas que tienen fuera de un negocio es una fuente de laburo. Pero claro, claro, la gente que vende en la calle no va a estar disponible para ser empleada, lo cual achica la oferta de posibles explotados. Asimismo, si hay menos personas disponibles para ser empleada de comercio, a esos semiesclavos habrá que pagarles más, ¿o la merca ya me limó tanto el cerebro que no puedo ni manejar conceptos tan elementales como “oferta y demanda”?  Entonces, ¿no será que más que atentar contra las fuentes de trabajo, esta actividad atenta contra la posibilidad de encontrar mano de obra (todavía) más barata? Cuando defienden las “fuentes de trabajo”… sí, en realidad están hablando de la taraja, porque sabemos que el mono no baila gratis, y el día que el dueño de un negocio proteja las condiciones laborales de sus súbditos yo me hago Testigo de Jehová.
            Aparte, sabemos que las fuentes de trabajo defendidas, gracias al comprometido gremio de Cavalieri, que heredó todo lo más combativo del sindicalismo garca a lo Vandor, tienen un convenio colectivo que casi que permite jornadas laborales de 21 horas cortadas, vacaciones divididas en 17 fracciones, latigazos, potro de tormento y derecho de pernada. Además, digamos que, a pesar de que el convenio ofrece todas estas “facilidades”, muchos de nuestros comerciantes celosos de la ley se cagan olímpicamente en él y ofrecen el tan amado por ellos “trabajo en negro”. Con esto, casi consiguen que muchos de sus empleados supliquen ir a trabajar a una mina de carbón o a un taller textil ilegal o, peor aún, como redactores de esa revista chota a la que le mando mis textos de vez en cuando.[4]
            Pero por supuesto, de todos modos se justifica el ataque a los manteros, como si estos fueran tan peligrosos como un motochorro o un adolescente a punto de salir a bailar (que, tal cual lo sabemos gracias a los medios, son poco menos que la encarnación de Lucifer mismo) La televisión, con verdaderos abanderados de la verdad como el imbécil[5] de Facundo Pastor, nos alerta de que estos comerciantes ambulantes son los responsables de la pobreza del mundo, de los bombardeos en Irak y de mis semanas impotencia (y no la merca que me tomo). El programa del enano anabólico ese[6], por supuesto, nos muestra en acción a esta verdadera amenaza para la vida, a esta “mafia” (interesante como este muchacho ve mafia en todos lados menos en el conocido mafioso que es accionista del multimedio en el que trabaja) destruyendo todo lo que es santo y, ¡oh, dios, no! ¡Dificultando el tránsito de los peatones por la calle! Aparte, estos terribles degenerados mafiosos son terriblemente poderosos, como puede observar cualquiera que los vea llegar en sus lujosos Mercedes Benz a tirar el paño o a armar un caballete en la estación de tren de Once.
            En fin, si uno no es un pelotudo a energía nuclear podrá darse cuenta de que nuestros amados comerciantes, apoyados por nuestra televisión (siempre dispuesta a mostrar como victimarios a cualquier cuatro de copas incapaz de defenderse), intentan convencernos de que los manteros son unos hijos de puta, cuando probablemente lo sean mucho más ellos mismos. Así, por unos mangos, una importante cantidad de dueños de negocios es capaz de hacer incluso lo que más odia: parecerse a los “negros cabeza”, a los piqueteros, a los zurdos. ¿Saben qué? ¡Por qué no se van a la concha de su madre, conchudos!

            El texto termina aquí, como siempre de manera abrupta. Había algunas gotas de sangre en los manuscritos garabateados que nos fueron remitidos, que además fueron acompañados en el sobre por dos bananas podridas, una especie de muñeco vudú, y la letra traducida al castellano del himno del inidentificable país que al parecer gobierna, y  que tiene por título “Foucault salve a Paul Pauls”.

Humberto Steinmberg ha publicado numerosos trabajos de semiótica y análisis del discurso aplicados a personajes infantiles y populares, entre ellos “Los Tres Chiflados y su simbología en la Revolución Cultural China” y “Celeste, siempre Celeste y el furor por el 1 a 1 en épocas de menemismo”


[1] Somos intelectuales comprometidos, pero cuando vemos la acción de frente, nos da un poco de miedo: por eso.
[2] La verdad es que no entendemos por qué puso esa línea ahí, calculo que es porque llevaba mucho tiempo sin putear. N del. E
[3] Incluso si ud vivió en el Polo Norte durante los últimos meses, no es excusa para no estar al tanto de que la diva presentó una declaración de ingresos de 50mil pesos anuales (unos 4mil pesos al mes) dado que incluso Paul Pauls se enteró, y el mora en… en… (bueno no sabemos bien dónde, pero parecer ser un lugar muy lejano y alejado de las comunicaciones)
[4] Creemos que se refiere a esta. N. del E.
[5] En realidad acá decía “el imbécil chupaculos, trepador, asqueroso, ignorante, parapléjico mental, mala leche, garca y conchudo de Facundo Pastor”, pero se nos hizo un poco largo para ponerlo. N del E.
[6] El término era de Iorio (refiriéndose a Bruce Dickinson), lo cual nos muestra que los excesos en el consumo de cocaína terminan llevando a todo el mundo medianamente al mismo lado. Esperamos que en cualquier momento salga con algo del estilo “Derrida debutó con un pibe”, en honor a otro famoso consumidor.

jueves 29 de septiembre de 2011

Post anacrónico - Adelanto del número 10: ¡Noemí Di Carlo visita la tele oficialista!!



Hace pocos días nuestra comentarista estrella[1] Noemí Di Carlo participó de un ardiente debate en el programa de televisión oficialista Qué bueno que somos ateos, porque si no diríamos que Kirchner es poco menos que Cristo, más conocido por su apócope “poco menos que Cristo”. Su presencia en dicha emisión causó gran revuelo tanto en el ambiente intelectual como en el vernáculo, razón por la cual decidimos realizar un concienzudo análisis para ver cómo esta intervención redefine la relación entre el pensamiento y los medios masivos de comunicación.
Para comenzar, debemos mencionar que los prestigiosos periodistas que participan de “poco menos que cristo” decidieron comenzar su labor trabajando con la cobertura que cierto medio antioficialista hizo de la noticia difundida hace poco tiempo de que nuestra presidente[2] habría decidido comer un bife con puré. La tapa del diario en cuestión, un tanto desmedida habría sido “Ahora la presidenta come bife mientras la carne sube y todos nos morimos de hambre, yegua hija de puta”. El resto del informe muestra como canales “amigos” del mencionado periódico presenta historias de niños que jamás comieron carne en su vida, así como los comentarios de un ama de casa indignada por haber tenido que dejar de comer bife angosto para comer roast beef, así como los de una mujer de clase media que aseguró que le tuvo que “bajar el sueldo a la empleada doméstica para poder absorber en casa los costos de la carne: y después esta yegua dice que le importan los pobres”. Asimismo, otro informe de otro canal “amigo”[3] mostraba cómo un grupo de veganos enfurecidos protestaban enfrente a la quinta de olivos, sosteniendo que mientras una carnívora como ella gobierne, “el mundo no estará a salvo”.
Luego de las imágenes de la cobertura de esos medios no oficialistas de los problemas de nuestro país, se presentó el análisis por parte de los panelistas del programa, igual de medido que los previamente vistos pero con dirección inversa. Tras un breve lapso de tiempo, los miembros de poco menos que cristo, vaya uno a saber cómo, se vieron discutiendo sobre si el Che Guevara hubiera sido, hoy por hoy, un fantástico fanático del oficialismo o, por el contrario, un despreciable izquierdista capaz de hacerle el juego a la derecha para recibir apoyo electoral del medio opositor.
En ese momento fue cuando nuestra adorada[4] colaboradora recibió el pie para su ingreso triunfal al mundo popular. Primero comenzó por destacar que los miembros del programa reproducen un discurso, para ella equivocado, que caracteriza a las elites como algo negativo[5]. Noemí, al respecto, afirmó “Nada más lejos de la verdad. Las elites a veces pueden ser positivas: mírenme a mí, que soy de elite y soy fantástica”
Y prosiguió: “Aparte, digamos que el hecho de que yo sea la intelectual más importante que ha dado este país en los últimos 40 años no me ha alejado de las clases populares. Desde mi columna en la Viva he militado activamente por las causas del pueblo: más allá de que son todos idiotas, me he solidarizado con varios de sus problemas, tales como la inseguridad, la falta de seguridad jurídica en el país y… y… y… la falta de traducciones correctas de la obra de Adorno”
Estas declaraciones generaron revuelo en el panel. Si bien nadie lo había leído, varios de los panelistas del programa conocían el nombre de Adorno, y sostuvieron que la ausencia de buenas traducciones era culpa de Clarín y que el PO, con su política de hacerle el juego a la derecha, sin importar que para ello hubiera que tomar la facultad, apoyar huelgas de trabajadores reducidos a la esclavitud o realizar la revolución socialista, había saboteado todos los intentos de editarlo de manera correcta. Luego Noemí señaló que el filósofo de Franckfurt, aún pudiéndoselo considerar un heterodoxo, había sido un teórico de pensamiento marxista y que “no hubiera apoyado”[6] al kirchnerismo. Esto causó revuelo en los panelistas, que empezaron a ver de qué forma podían decir que Adorno le hacía el juego a la derecha, lo cual fue complicado, siendo que ninguno tenía la más remota idea de lo que había escrito el autor alemán.
El momento más álgido de la ardiente discusión teórica se dio cuando Rubén Conde, uno de los más celebrados comentaristas del programa, intentó, sin demasiado éxito, señalar que el grupo mediático opositor había presionado un poquito a muchos de sus periodistas y que su éxito económico podía deberse un poquito a su colaboración con la dictadura: Noemí, eufórica, gritó “Pero chupame un huevo, Conde”. Frase que causó furor en todos los opositores bien pensantes que, incapaces de entender alguno de los pocos argumentos más o menos decentes que se discutieron en la mesa del programa, necesitaban de algún slogan ganchero que los hiciera sentir más anti K que nunca.
Luego del griterío que generó la frase que lanzó a Noemí al estrellato internacional (algo que no consiguió ninguno de sus libros, jamás leído por el 99% de los que repitió el latiguillo hasta que se volvió tan insportable como las publicidades de Mamá Lucchetti), se entabló el único momento que podría haber sido considerado más o menos intelectual en todo el programa, que fue la discución de nuestra columnista con el (autoproclamado) filósofo oficialista Pablo Kingstone. Derante unos cuatro minutos, según lo que cronometramos, ambos escritores intercambiaron tres o cuatro argumentos pero, como esa discusión no produjo ningún slogan, y como en ese fragmento no quedó claro si Noemí Di Carlo había ganado o no, nadie le dio ni cinco de pelota.
Una vez finalizado el show, recibimos en la redacción un CD anónimo con reproducciones en MP3 de los agradecimientos de los máximos directivos del grupo multimediático opositor, así como también comentarios de muchos bienpensantes de clase media que afirmaron cosas tales como “jamás imaginamos que la intelectualidad fuera tan interesante: ¡Pero chupame un huevo, Conde!”.
La consagración final de Noemí Di Carlo ocurrió cuando nos enteramos de que el propio Marcelo Tinelli, siempre buscando aprovechar las posibilidades comerciales de todo latiguillo u otro producto cultural fácil de vender, la llamó para participar del próximo “Bailando por un sueño”. Nuestra columnista ya nos anunció que aceptará la propuesta, y que si eso prospera, y ella consigue instalarse en los medios, abandonará por un tiempo o, tal vez, por siempre, su actividad intelectual, incluyendo la columna en la Viva. “Es que ya he probado que soy la más grosa del ambiente intelectual. Si ahora la mujer “Pero chupame un huevo, Conde”[7] conquista la tele, se pueden ir la literatura, el pensamiento político y la filosofía a la mismísima concha de su madre”


[1] Nosotros no queríamos llamarla así, pero fuimos obligados a hacerlo bajo amenaza de que ella publicara un libro negativo en nuestra contra
[2] Me rehúso a decir “presidenta”. El que tenga algún problema que me venga a buscar, si se la banca.
[3] Ud sabe, los grupos oligopólicos, al igual que Roberto Carlos, cuentan sus amigos por millones.
[4] Nuevamente este adjetivo aparece como una concesión hacia las amenazas, cada vez más agresivas, de esta mujer.*
*Perdón, lo que dijimos en la nota 4 no es verdad: Noemí es súper simpática. Esto no lo digo solamente porque su asistente me esté apuntando con una 9mm.
[5] Algo que en realidad los brillantes miembros del programa no habían hecho: ellos sólo habían hablado de hegemonía. Pero bueno, no digo más porque la asistente de Noemí me está mirando con el fierro en la mano mientras escribo y se puede dar cuenta.
[6] En realidad dijo “se hubiera cagado en Néstor y en Cristina”, pero la asistente amablemente nos pidió con su 9mm que lo cambiáramos.
[7] Nombre que esta turra va a llevar en el programa. Por suerte la asistente de Noemí no vio que escribí “turra”

Números viejos: Número 1, número 2, número 3, número 4, número 5, número 6, número 7, número 8, Número 9

sábado 23 de julio de 2011

Si ud siente asco, trate de que no se note


Una no tan breve reflexión mientras esperamos ansiosos en nuevo número de ¡Lo qué? (si quiere consultar los números viejos: , Número 1, número 2, número 3, número 4, número 5, número 6, número 7, número 8, Número 9)


Por Friederick Pelinski

La práctica del “quejarse por la paja en el ojo ajeno mientras dejamos pasar el misil tomahawk por el propio” es una de las preferidas del porteño bienpensante propenso a la indignación. Esta característica de ciertos sectores de la ciudadanía de la capital argentina se ha dejado observar en el caso de las brutales declaraciones de Fito Páez, que causaron estremecimiento en el seno de la siempre tolerante y democrática clase media semiderechosa que habita la ciudad.

Recapitulemos un segundo: Fito Páez, que como músico no me cae para nada bien y del que tampoco siento agrado por el pedacito de personalidad que puedo ver en los medios, declaró que sentía “asco” por el voto del 47% de los porteños. Esto generó en los sectores que habían elegido al genial estadista una respuesta tan afectada que difícilmente uno pueda considerarla seria. Fue llamado “intolerante” por gente que dio su apoyo a un candidato que llama a reprimir a los alumnos de colegios que protestan para darse el lujo de tener gas en su colegio, que espía a enemigos políticos y que combate la pobreza a palazos. O sea, fue considerado intolerante por gente que votó a un candidato intolerante, lo cual nos generaría un sentimiento de extrañeza, si no fuera porque este tipo de doble discurso de ciertos sectores del bien pensar porteño es tan común como la gente que opina que el término “negro de alma” no es discriminatorio.

Ahora, antes de entrar en el análisis de la inteligencia porteña cabe preguntarse: ¿es tan grave decir que algo te da asco? Ud, amigo lector, ¿no ha sentido asco por la mina espantosa que se comió un amigo suyo delante de sus propias narices; o por que la abuela, ya con menos contacto con la realidad que Susana Giménez peposa, le haya puesto chimichurri al dulce de membrillo? ¿No ha sentido un poco de asco cuando vio que Titanic ganaba el Oscar a la mejor película, o cuando Vargas Llosa y Obama recibieron el regalo del premio Nobel? ¿Esto nos vuelve intolerantes? ¿No bancamos a la abuela? ¿No le hemos prestado las llaves del departamento a nuestro amigo para que se lleve a la cama a ese bicho que, si fuéramos católicos, consideraríamos una ofensa para la creación?

Pensemos, aparte, que el asco no es la única emoción negativa de la humanidad. También algo nos puede dar pena, tristeza, odio, bronca, repugnancia, indiferencia, dolor de testículos y demás sensaciones que a todos nos vienen a veces cuando un grupo de gente (incluyendo al que nos rodea) hace algo que no nos gusta. Dentro de estos malos sentimientos, es posible contar también al “no entender”, el ·“no entiendo por qué hicieron esto”: no comprender por qué, por ejemplo, un montón de gente adora a Lady Gaga; no saber cómo algunos pueden pedir de vuelta a Riquelme en la selección; o por qué tantos seres humanos buscan la solución a su vida en los libros de Ari Paluch (sinceramente, temo más la aparición de una secta paluchista más que la del cuarto Reich)

Estas situaciones que se han descripto comparten con el asco cierta característica: son formas de reaccionar ante una situación que no nos resulta agradable, son una manera de situarnos alegremente por fuera de algo que nos parece indigno de nosotros. Y claro, en eso hay un poco de sentimiento de superioridad respecto del otro que se equivoca y (para nosotros) elige mal (al menos en ese aspecto particular) ¿Cómo evitar pensarnos mejores que el vecino que nos pone Panamericano y otros hits bolicheros un martes a las 9 de la mañana?

¿Ahora, está eso tan mal? ¿Está tan mal que sintamos algo malo por los actos de otra persona? Veámoslo al revés: ¿Ud nunca ha realizado ninguna acción que le haya provocado repugnancia a otro? ¿A ud nunca le han dicho hippie roñoso, “pseudointelectual” o, peor aún, “intelectual” de manera peyorativa? Yo sé que he causado asco en mi vida (por ejemplo, una ex pareja mía sentía eso cuando me ponía una riñonera que ella odiaba) y, de seguro, si alguien viniera y me señalara que le generé esa sensación me pelearía con él, me defendería. Ahora, en frío, no creo que pueda decir que el tipo al que le he dado tan mala impresión por mis hechos sea por eso intolerante (lo podré considerar un pelotudo, un forro, un idiota, etc, pero, intolerante, no).

Pensemos en los que criticaron a Fito Páez. ¿Ellos jamás sintieron asco por nadie? ¿Seguros? Ninguno de los que apoyó a Macri insultó jamás a un piquetero, ¿verdad? Ninguno criticó la manera de elegir de los ciudadanos del conurbano y creyó que eran unos negros cabeza que por un cartón de vino votan cualquier cosa, ¿no? Digamos que el respeto de gran cantidad de los sectores de la clase media por cómo sufragan otros sectores tampoco es algo que uno pueda decir “¡che, qué ejemplo! ¡Usémoslos de Cascos Azules para evitar guerras!”.

Pensemos aparte en casos particulares de respuestas a la imperdonable frase de Páez. Chiche Gelblung lo llamó facho. Chiche Gelblung. En serio, Chiche Gelblung. El Chiche Gelblung que ha dicho cosas como: “"Las mujeres son putas" o " En Argentina se muere de hambre el que quiere".o " Los chicos están todo el día con la niñera: hablan guaraní antes que español". ¡El publicista de la dictadura! Está bien, sabemos que es el tipo más caradura del siglo XXI (junto con Caruso Lombardi), pero bueno, ahí anda escandalizado como si hubiera sido Gandhi, la Madre Teresa de Calcuta y Cocomiel, todos juntos y al mismo tiempo.

También opinaron otros ídolos de multitudes como el carismático Eduardo “no me tomes el colegio” Feinmann, un abanderado de la tolerancia. Lo mismo hizo Chiche Duhalde, esposa de un presidente casi de facto que tiene dos muertos políticos cómodamente acomodados en su placard... (¿cómo?, ¿que los negros no cuentan en esto del respeto por el otro? Sepa disculpar la torpeza) Todavía nos estamos preguntando si no habrá declaraciones escandalizadas de Alejandrito Biondini, acusando al salvaje de Fito Páez de Nazi, o de Astiz, indignado por la violencia política que reina hoy en nuestro país.

Pero no es que hay que ser “famoso” para tener esta división de la personalidad que nos hace pensar que el GCBA debe invertir más recursos en salud mental. Un conocido mío, bien de derecha y casi socio fundador del club de fans del famoso imitador de Freddy Mercury, me dijo una vez, en plena discusión política, que yo “hablaba desde la envidia”, que todos los zurdos son envidiosos, y que los comunitaristas son gente que quiere vivir “de él”. Poco tiempo después, afirma que no puede creer que Fito Páez “no tolere a los que piensen distinto”, sin que eso le parezca contradictorio. Y después Macri quiere cerrar el Borda…

A esto que se viene diciendo se podrá responder, bueno, ¿y qué? No todos los que votaron a Macri son racistas, xenófobos o fachos hijos de puta. Ok, seguro, no dudo de eso. Pero votaron a un candidato que sí lo es. El “Alejandro Magno del Siglo XXI” ha declarado que los problemas de tomas de terrenos y de inseguridad de nuestra ciudad se deben a “una inmigración descontrolada”. Además, debemos sumarle todo lo que ya mencionamos en el comienzo de este texto. Eso es intolerancia de verdad, estigmatización de ciertos sectores sociales y persecución política y étnica. Y señalo que esa intolerancia del gobierno de Macri no ha sido sólo verbal: no se limitó a tres o cuatro graciosas frases garcas que nos hacen sentir bien con nosotros mismos por no ser tan bestias. No, ha sido también de acción: ha mandado a golpear gente y sus funcionarios pidieron listas de alumnos que participaran en las movilizaciones en su contra (entro otras cosas). Pero al parecer estos actos son tonterías que no merecen la indignación de nuestros siempre dispuestos a indignarse porteños de clase media, de estos verdaderos superhéroes de la democracia y devotos de la jugadísima crítica en los comentarios anónimos de las ediciones digitales de los diarios.

De todos modos, y a pesar de esto último, se podrá pensar que algunos de los que optaron por Macri en los comicios sí se indignaron por las bestialidades que ha cometido, pero que, así y todo, esto no les impidió votar al fabuloso político del PRO por las ideas frescas y renovadoras que trajo a nuestra ciudad (tales como privatizar todo, hacer negocios en cada licitación o no cumplir con ninguna promesa que no le dejara un rédito económico) o porque tenazmente se opone al gobierno nacional (o sea, el bello “voto contra” que tantos beneficios nos trajo con De la Rúa, por ejemplo) Bueno, en este caso, deberán entonces aplicar el mismo criterio con Fito Páez: si los actos intolerantes del maravilloso líder de la democracia argentina no fueron suficientemente malos como para que no pudiera ser elegido, entonces los del músico, mucho menos graves (sobre todo por ser verbales y no físicos) deberían poder pasar completamente desapercibidos. Pero, claro, tal cual se viene diciendo en este texto, una cosa es ser pedir tolerancia cuando conviene, y otra cuando no.

Para cerrar, es de destacar el comentario de varios kirchneristas y de personas pertenecientes a otros sectores contrarios a Macri que creen que está mal que un hombre critique el voto de los demás. Más allá del loable gesto democrático, si cada vez que uno va a decir algo que le puede molestar a otro que piensa distinto se tiene que callar, se va a hacer muy complicado abrir la boca. O sea, a mi tío le puede parecer injustificado que hable mal de una película que le gustó (incluso si es objetivamente horrible, como Troya), a un amigo lo puede hacer calentar un comentario sobre lo inútil que me parece comprar textos de José Pablo Feinmann, otro puede enojarse si le digo que escuchar a Alejandro Sanz es un tanto cursi, a mi vecino peladito le puede parecer intolerante que yo sostenga que dan asco un genocida como Hitler y sus seguidores, y así podemos seguir hasta el fin de los días. Por supuesto, esto de habilitar la crítica no significa permitir que se justifiquen actos de proscripción o defender que se pueda proponer, qué sé yo, que a los macristas haya que disfrazarlos de teletubbi y apedrearlos en plaza pública con cantos rodados y rompeportones. No, no, eso no. Lo que sí digo es que si tenemos que callar cada opinión que no le guste al sector que la recibe, bueno, corremos (todos, los que opinan como nosotros y los que no) el riesgo de quedar inhabilitados para hablar, y ahí me viene otra duda: ¿Esta concepción de tolerancia podrá sólo realizarse en el silencio?


Y ahora que se deleitó con esto, si no los leyó, nuevamente, los links a los 9 números de ¡Lo qué?

Número 9
Número 1, número 2, número 3, número 4, número 5, número 6, número 7, número 8

martes 10 de mayo de 2011

Mecenazgo

El GCBA (gracias Mauri) aprobó un proyecto de mecenazgo para financiar una edición en papel de ¡Lo qué? Lo que se necesita ahora es, básicamente, gente que quiera aportar una parte de lo que pagan de Ingresos Brutos para poder realizarlo. Técnicamente no deben poner plata,dado que el aporte que hagan se descontará de lo que paguen para ese impuesto. Si alguien quiere aportar, puede mandar un mail a mulitas_priest@hotmail.com y contactarse con nosotros.
Dejo, aparte, un link al sitio de mecenazgo, donde se pueden consultar los requisitos y maneras de aportar: http://www.buenosaires.gov.ar/areas/cultura/mecenazgo/informacion_contribuyente.php?menu_id=24304

jueves 30 de diciembre de 2010

¡Año nuevo, ¡Lo qué? nueve!

Sres y Sras, un nuevo atentado contra la inteligencia




Este número ha sido el más accidentado de la historia: hicimos una revista para fin de año, y recién podemos subirla a principios del siguiente. Pero así somos: unos pelotudos.
Un nuevo año comienzó (hace como un mes), y para recibirlo tarde, como se merece, les damos un motivo más para putear en vacaciones (como si ya no hubieran tenido suficientes)
En este número hemos visto cómo un militante trotskista piensa que la revolución no llegará pronto
También un trabajo sobre el centro de rehabilitación Ernesto "Che" Guevara para postmodernos en recuperación.
Y qué decir de Noemí Di Carlo y una nueva propuesta para acercar la literatura a los más humildes (bueno, no taaaaan humildes, ella no es extremista)
Y más, y más. Una apasionante propuesta semiótica para intentar conseguir que los fachos tengan algo cercano a un sentimiento.
Y no sólo eso, sino que hacemos nuestras predicciones para el 2011, porque nos faltaba una nota y no sabíamos qué poronga poner.
Y la inscripción a nuestro club de fans y un nuevo pedido desesperado para linchar a los miembros de la Fundación Nobel


O sea, empezamos el año del mismo modo que el anterior: para el culo

Queremos, de todas formas, dar nuestro mensaje de prosperidad a todos los intelectuales, artistas y literatos que nos leen (si es que hay alguno) y al público en general, que masivamente se ha volcado a nuestra revista, de seguro buscando otra publicación y confundiéndola con la nuestra.

¡Buen 2011: que sus ensayos y publicaciones traigan polémica, pero no rechazo!



¡Lo qué? 9

Sumario





Staff

Federico Pellegrini: genio de fama internacional
Laura Riva: diseño gráfico, fernet con coca, guardaespaldas

si quiere comunicarse con nosotros, puede hacerlo a mulitaspriest@gmail.com . No se lo recomendamos, pero es un país libre

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